Es curioso que me haya preguntado desde el primer día “¿cómo estarás?” y la pregunta me asaltó de pronto y más de una vez. Como cuando la guitarra se dio un golpe y sonaron todas las cuerdas o como cuando en la calle volteaba la mirada como si alguien me llamase y la briza ponía otra vez la pregunta en mi mente “¿cómo estás?”
Fue curioso también cuando al hablar con un amigo, en lugar de llamarlo “Eduardo” -que es su nombre-, le dije “Victor”, ese hecho parió varias preguntas en mis amigos que no quise contestar. Desde entonces todos estuvieron un poco más atentos a mis gestos y ademanes, se preguntaban cuál era la causa de tantos suspiros, y había momentos en los que callaba y no eran capaces de encontrar el lugar hacia donde se dirigía mi mirada, donde se mostraban confusos para echarse a reír luego. Considero que estaban exagerando, puesto que yo siempre he sido así, o al menos eso creo…
Es curioso también que para cambiar de idea aveces es bueno cambiar de lugar, así que tuve tiempo para pensar algunas cosas que me mantenían inquieto, pero no hice más que recordar que esas cuestiones ya las tenía claras desde el principio. Y entonces… pude respirar otra vez con tranquilidad y quise regresar a mi casa, no sin antes llevarme un buen par de pelotas, sí, una de baloncesto y otra de fútbol. Es una buena inversión: ya no me meto al gimnasio pero me mantendré en forma.
E hipnotizado por la magia de la carretera en la noche, mientras regresaba a mi casa con un par de pelotas bien puestas, fui punzado otra vez por la pregunta, ¿cuál?, pues… ¿CÓMO ESTÁS?
P.D.: Sé que dije que nos veríamos, pero no pude, estuve ocupado… Espero lo entiendas…
Una lluvia de besicos, Victor.
Sandra Gesäss
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