Hans dejó la maleta en el hotel y se olvidó de ella, empieza a descubrir lo bien que se siente no cargar con nada. La nada es tan pesada…
La chica del metro no se dirigía a la universidad, podía saltarse todas las clases que quisiera, le iba bastante bien la verdad. La verdad es tan pedante…
Hans camina sin rumbo. Hasta ahora había seguido el camino que recorrerían, después de él, sus persecutores.
Una chica como ella no va a hoteles baratos ¡Por dios!. Pero, como ella se sabe y no se sabe a sí misma, puede hacer lo que desea.
Hans no se conoce y se conoce sólo como prófugo. Pobre Hans, ahora que ya no tiene por qué esconderse, ya no se encuentra.
Y como las coincidencias que sólo ocurren en escritos, la distinguida señorita se encuentra en la habitación, donde hace nada estuvo Hans. El Hans que ahora coje el metro y se dirige a la ciudad, y, en contra de lo que los lectores debieran imaginar, sabe estar y está muy bien.
Gretel, la chica germano-japonesa encuentra la maleta, maleta que Hans trató de ocultar, la curiosidad la invade, no debiera interesarle.
Hans tiene unos nuevos y grandes ojos para ver mejor la ciudad, ciudad que no lo llega a distinguir muy bien, pero encaja, gusta… Como ya se ha dicho antes: sabe estar.
Gretel, que hace unos minutos abrió la maleta, aún no termina de caer en un vacío oscuro. Se averguenza de su vida anterior, pero la recuerda con cariño como cuando recordamos nuestras inocentadas de niños.
Hans ahora vive en la ciudad.
Gretel puede soportar el nihilismo sin perderse, se hace artista.
Hans ya tiene casa.
Gretel puede cargar la maleta, se la lleva a casa, fuera de la cuidad.
Sandra G.
http://es.wikipedia.org/wiki/Sandra_G
Sandra es conciente que su homologa es una actriz porno, por eso me pidio que cambie su seudonimo. Al parecer la causa gracia.