
Termina la clase de gestión. De verdad siento que no puedo aguantar las cuatro horas a la semana de un curso tan aburrido. Me aburre. Siento que nada me ata, en lo más mínimo a él y me siento vacío, como si, de verdad, estuviera regalando mi plata a la universidad. No tengo nada contra los gestores, en efecto tengo muchos amigos que estudian esa carrera, pero no es lo mío. No lo es. Me despido de mi grupo de trabajo. Emily, Shirley y Jhoanna. Las tres son guapas, pero distintas. Diría que cada una tiene lo suyo, me inspiran confianza y parece que es mutua. Agarro mis cosas y me voy a la facultad de arquitectura. Pienso que probablemente me puedo encontrar con alguno de los amigos fumones que conocí en las últimas semanas, pero no encuentro a nadie. Ni uno. Me siento en un rincón, prendo el ipod de mi hermano, porque el mío se perdió –la verdad pienso que se lo robaron, pero no me importa-.
A lo lejos, una pareja hace de las suyas. “Por eso le llaman Paraíso”, pienso, “porque es el lugar perfecto donde uno puede hacer lo que a ojos de los demás no es apropiado: algunos fumamos, y otros se aman.” Un par de pitadas son suficientes para olvidar la desazón de estar en clases a las ocho de la mañana y me quedo pensando en la escena -casi casi sexual- que tengo enfrente. “Son suertudos. Suertudos, porque sí”. Seguramente no eran Adonis y Afrodita, pero parecían quererse con sinceridad. En el momento no importa si es la firme, o una trampa. Tampoco importa si le dedica el tiempo suficiente, o si la trata como una basura, porque aquellos momentos que se quedan grabados en mi mente son estos en los que se quedan mirando fijamente. Por un momento se inmutan. Sólo dos o tres segundos, pero parece que es mucho más. Sonríen y se quedan dormidos. Toda una mierda cursilona de película hollywoodense, pero me gusta.
En ese momento lo re-pensé. ¿Y a mí cuándo? ¿Cuándo me quedare colgado de alguien sin estar colocado? Tal vez sea algo similar ¿no? Debe ser como estar un poco colocado por alguien. ¿Quién sabe? En el fondo estar enamorado te seda un poco, te atonta: es como estar colocado ¿verdad? “Quiero estar colocado” Le doy un par de golpes más a la pipa y me paro para irme a a almorzar. Prendo un cigarro y me voy. Colocado.